Hotel Sant Roc: nuestra historia

( Noches)
Sant Roc

1953

Nuestros orígenes

El Hotel Sant Roc abrió sus puertas una lluviosa noche de junio de 1955, pero el inicio de esta historia se remonta a dos años antes, cuando Joan Boix y su esposa Neus adquirieron un pequeño terreno sobre un turón en el sur de Calella, con la intención de construir una casa de veraneo para la familia. La Costa Brava era un tesoro todavía por descubrir y los turistas justo empezaban a asomarse. S’Agaró y Aiguablava eran los destinos elegidos para esos primeros turistas, los que se etiquetaban bajo el llamado “turismo de clase”.

Los primeros pasos

La llegada del turismo

Aparte del hotel, se construyó un embarcadero, se aplanaron las rocas para hacer un solárium con parasoles y se hicieron unas escaleras con 112 peldaños para tener acceso desde el hotel. Todo ello formaba un entorno maravilloso y un conjunto armónico.

Los franceses llegaron en masas; también empezaban a asomarse los catalanes y algún inglés despistado, pero todo el que descubría ese trocito de la Costa Brava se quedaba prendado de él y al año siguiente volvía. Entre esos pioneros había gente muy notable de la sociedad francesa y de la burguesía de Barcelona. Hoy en día, algunos de aquellos primeros clientes nos siguen visitando con regularidad, lo que nos llena de satisfacción.

Los años 50

Lujo y exclusividad

En la década de los cincuenta, el concepto turismo y el hecho de alojarse en un hotel eran actividades reservadas para la alta sociedad. Los clientes venían a pasar unas estancias que se alargaban hasta tres meses; eran familias numerosas con su propio servicio que durante unos meses convertían el hotel en su hogar.

Los años 70

Esas noches inolvidables

Joan Boix entendía el hotel como un lugar de descanso, pero también un establecimiento donde el ocio y la diversión eran imprescindibles. Los viernes del Sant Roc eran citas ineludibles en las noches de la Costa Brava; una Costa Brava que en la década de los sesenta contaba con personajes de la noche tan ilustres como el Gitano de Llafranc o Tomás Cervera del Chez Tomas. Una tarima elevaba la orquesta sobre los invitados, piano incluido, y artistas como Carmen Amaya, la Chunga y José de la Vega hacían las delicias de unos turistas boquiabiertos.

De los 80 a la actualidad

La tercera generación

Al final de la década de los ochenta, la hostelería estaba en proceso de renovación, el cliente hacía estancias más cortas, pedía más servicios y todo ello requería un cambio de rumbo. El hotel destinó esfuerzos para poder seguir ofreciendo un servicio de calidad y mejorar toda su infraestructura. En la actualidad, la tercera generación se encarga de dirigir el hotel, que obviamente sigue con el mismo espíritu de servicio del abuelo Joan. Una generación que entra con ímpetu e ilusión.